Perdidos ya en la memoria de los habitantes capitalinos los antiguos nombres de sus calles, por argumento más brillante, heroico y glorioso que desde hace 4 centurias escribieron sobre ellas con sus hechos, las sucesivas generaciones de lo que hoy es Bogotá.
Tal vez por esta razón en 1932 en el artículo 25 del acuerdo 45, se ordena colocar en la esquina de cada calle, carrera o fracción de estas, una inscripción que perpetúe el nombre histórico de la vía, que en la ciudad antigua llevaba denominación especial.

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